RADIO INAH

jueves, 28 de abril de 2016

Julieta Valle: La ENAH. Innovación en la Educación Superior de México




         Julieta Valle Esquivel


Licenciada en Etnohistoria por la ENAH, maestra en Antropología Social con especialidad en Etnohistoria en el Centro de Investigaciones Superiores en Antropología Social. Desde el año 1999 es Profesora Investigadora de tiempo completo del INAH.
Cuenta con un Diploma Profesional en Agroecología y Agricultura Sostenible por el Centro Nacional Campesino "Niceto Pérez", en Cuba, y es Promotora Ambiental certificada por la Secretaría de Ecología del DF.

domingo, 24 de abril de 2016

Entrevista “Arqueobiología” - Jorge Arturo Talavera González

La bioarqueología es un nuevo enfoque –interdisciplinario y regional- para investigar a los grupos humanos del pasado a través de sus prácticas mortuorias y sus restos óseos, así como del medio ambiente de un sitio, o de una región determinada.

La estrategia bioarqueológica nos permite concentrarnos en aquellos sitios que nos puedan aportar información crucial sobre tipos de tratamientos funerarios, diferenciación social y especialización artesanal en los diferentes periodos de ocupación de un área cultural. La elección de qué zona excavar dependerá de los factores de conservación, tipo de suelo y estructura o conformación del sitio a estudiar. Estos factores se deben tomar en cuenta al trazar la forma de exploración (Talavera et al, 1999).

Consideramos, que es urgente que tanto arqueólogos como antropólogos físicos, se actualicen en la antropología biológica de campo. Ya que es común, que los arqueólogos entreguen los restos óseos en grandes bolsas de plástico (aún húmedos), o en cajas de cartón inadecuadas, sin cédulas de campo, dibujos o fotografías adecuados y muchas veces sin una ubicación precisa del hallazgo, situación que se ha venido criticando por algunos investigadores desde hace mucho tiempo.

Por lo regular, al no tener entrenamiento ni experiencia en recuperación de evidencia osteológica, el material llega muy maltratado al laboratorio, dificultando el proceso de limpieza y restauración, inventario y por lo tanto de su análisis. Por su parte, los antropólogos físicos no toman en cuenta la ubicación del entierro o del resto óseo, dentro de un contexto arqueológico más amplio, ni exploran las posibilidades de estudio de los objetos asociados y las ofrendas mortuorias para comprender al esqueleto y la cultura material como un todo.

Al carecer de información de campo completa, las inferencias que se puedan obtener de este material serán limitadas. Por lo que es necesario formar recursos humanos en la estrategia bioarqueológica para tratar de remediar un problema que aún en la actualidad (en pleno siglo XXI) no se ha superado: El registro adecuado de los esqueletos humanos obtenidos en excavaciones arqueológicas.